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Mobbing institucional
Martes, 26/05/2009 - 20:30 -

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Estimados Sres.:

Me pongo en contacto con ustedes para denunciar la grave situación por la que, yo y mi familia, estamos atravesando.

Mi hija, dado el acoso escolar al que ha estado sometida durante demasiado tiempo, lleva más de siete meses sin acudir a clase por el sistemático menosprecio, rechazo, discriminación y mobbing, consentido, incluso por las instituciones de mi comunidad autónoma, Extremadura.

Dado el lamentable estado anímico-emocional de la niña que sufre actualmente de un cuadro ansioso depresivo, tuve que coger la excedencia hace ahora un año, dado que no dispongo de ayuda familiar ni externa, por lo que difícilmente llego a final de mes (Sobrevivo gracias a una pensión por accidente laboral).

Por otro lado, dado ese hostigamiento y rechazo hacia la niña en su clase, solicité antes del comienzo del curso actual, que a la niña se le cambiase de clase, negándoseme. Tras seguir reiterándose continuas muestras de rechazo, burlas y menosprecios, finalmente mi hija dejó de ir a clase, denunciando toda esta situación a la Fiscalía de Menores, incluso solicitando que fuese valorada por un psicólogo de la Fiscalía.

Hasta la fecha la niña ha estado trabajando y esforzándose en casa, estudiando con la ayuda paterna, pero desgraciadamente nadie da muestras de preocupación y apoyo a esta niña a la que seguramente el sistema educativo no pretende ni siquiera evaluar.

Paralelamente se me está chantajeando emocionalmente, intentando disfrazar este bullying consentido con el oscurantismo de ofrecer la imagen de caso típico de absentismo escolar, posibilitando la posible pérdida de la tutela de mis hijos por ello.

Comentarles que esta mísera situación no es novedosa, ya que desde hace demasiados años, la pequeña de 11 años viene siendo motivo de burlas, increpaciones, insultos, desprecios, descalificaciones, rechazo, discriminación y en definitiva bullying consentido, por la desgracia, entre otros motivos, de padecer un importante déficit atencional y por el que, en teoría, deberían dársele unas adaptaciones curriculares fuesen o no significativas, como marca la famosa L.O.E.

He denunciado y dado las quejas por esta sistemática discriminación negativa consentida en forma de múltiples escritos (en torno a 400 páginas) que han ido desde quejas a los colegios hasta vari@s consejer@s y Presidente actual y anterior de mi Comunidad Autónoma (Extremadura), pasando por diversos Directores Generales, Jefes de Servicio, Dirección Provincial de Inspección, Unidad de Programas Educativos, etc. La respuesta generalizada ha sido el desprecio con el silencio a mis escritos; siendo muy escasas y contadas las ocasiones en que se me ha contestado sin argumentos, sin informarme de nada, falseando narración de hechos, realizándosele tests a mi hija sin mi consentimiento y negándoseme información a la que, como cualquier ciudadano tengo.

Hace dos años (El 24 de mayo de 2007) incluso, dado el ninguneo, desprecio, desidia y falta total de ayudas a mi hija tuve que reunirme con la Consejera de Educación y con el Director General de Política Educativa, tras mostrarme en huelga de hambre, levantando acta notarial de mi peso y siendo grabado por Europa Press TV. Finalmente se me recibió (tras haberlo solicitado en varias ocasiones anteriormente) y se me prometieron que las cosas se iban a hacer bien, que las ayudas y respeto a mi hija iban a ser inmediatas y que se le darían unas ayudas individualizadas e incluso se iba a estudiar la plantilla del nuevo colegio (mi hija se tuvo que exiliar a otro centro) cara a que se verificasen tales apoyos.

El resultado ha sido muy lúgubre, esperpéntico y kafkiano: La situación de mi hija en el nuevo colegio ha sido una prolongación del ambiente polucionado y distorsionado del anterior colegio, donde finalmente estos políticos no cumplieron sus promesas ni se ha respetado incluso la dignidad como poco psicológica de la menor: Al día de hoy sufre un cuadro ansioso-depresivo por este envenenado ambiente y que desgraciadamente preveo desde hace años, en muchos escritos que lo avalan.
La niña ha sido estudiada por varios psicólogos que constatan el muy pronunciado acoso escolar, incluido alguna asociación pro derechos del niño.

Paralelamente ha habido “efectos colaterales” por mis escritos, dándose una apertura de expediente por posible desprotección de mis hijos, a través de una falsa denuncia por sectores institucionales locales y autonómicos, que lejos de aupar y ayudar eficazmente en su supuesta labor social han hecho una piña de este lamentable caso que hace aguas por todos lados, ocultando la realidad y sembrando bulos y rumorologías sobre mi entorno próximo.

En definitiva este es el caso de una niña que padece un importante déficit atencional y que por las características que presenta es y ha sido motivo de acoso; acoso que se ha extendido al padre y por ende a toda nuestra familia, donde lejos de erradicar tal situación se ha escondido y se ha y está intentando dar la imagen distorsionada, cínica y mísera de que el problema fundamental es el padre que la niña tiene.

Mientras tanto, a pesar de esos casi 8 meses transcurridos, nadie ha tenido la consideración y la decencia ética y humana de prestar apoyo, preocupación e interés real por la niña y su esfuerzo diario a nivel académico y anímico; esfuerzo que ella misma, al día de hoy, ve y me traslada que de nada le va a servir, ya que seguramente la pretensión de este lamentable sistema educativo que nos ha tocado sufrir es que, como poco la niña repita, dado que hubiera sido “muy costoso” haber accedido a otra clase, tras seguir siendo humillada, increpada y rechazada sistemáticamente”.

No sé si podrían ser portadores de esta denuncia dado esta especie de 'Síndrome de Diógenes generalizado' de las instituciones regionales hacia una menor (con un 33% de discapacidad) y por extensión de nuestra familia.

Agradeciéndoles de antemano su colaboración aprovecho la ocasión para saludarles.

Atte. Manuel R.


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