NUEVA HORNADA DE BANDOLEROS
JOSÉ BECERRA
Empezaron por desvalijar almacenes de jamones. Reventaban las puertas y el jugoso “pata negra” en un visto y no visto pasaban de las ringleras en donde se curaban al sanísimo y seco aire serrano a ser amontonados en la furgoneta de tuna. Fueron unos hurtos que mantuvieron a los almaceneros, durante meses, sin que les llegara la camisa al cuerpo. ¿ No tenían estos cacos el ´modus operandi´ de los antiguos bandoleros que asaltaban ventas y haciendas en pos, algunas veces de joyas y onzas de oro, pero las más del sustento cotidiano que les permitiera sobrevivir su azarosa vida entre las breñas? Antes huían a pezuñas de caballo, pero los tiempos cambian y como en todos los quehaceres, se motorizaron.
Este otoño pasado, olivareros de la Serranía se quejaban de que aprovechando las horas nocturnas había amigos de lo ajeno que saqueaban sus fincas y se llevaban las aceitunas, dispuestas ya para ser trasladadas a la almazara de turno. Es de presumir que los asaltantes recurrirían a la automoción para llevar a cabo sus felonías. También esta acción fraudulenta presentaba algunos visos que recordaban las fechorías de los “echados al monte” de antaño, aunque esto de hacerse con un puñado de aceitunas de verdeo venía siendo costumbre en la comarca desde hace bastante años. Eran las aceitunas” luneras”, porque se las agenciaban con la complicidad del astro nocturno.
Ahora, desde semanas atrás, la Guardia Civil tiene en el punto de mira varios robos efectuados con premeditación y alevosía en cebaderos de Antequera y Campillo, amén de otros pueblos dedicados en parte a la cría y engorde de cerdos, como los del Campo de Gibraltar. Arramplan con los más lustrosos lechones y con los que ya sobrepasan el centenar de kilos. Todo un lujo para el paladar. O un recurso fácil para remediar estos tiempos de carencias y crisis.
Antes, en los años del bandolerismo decimonónico y romántico, las “partías” de bandoleros asaltaban la diligencia en los caminos a lomos de briosos alazanes. Ahora recurren a la furgoneta y aprovechan la complicidad de las sombras nocturnas. ´Habrá que estar avizor para estas nuevas asechanzas. Por lo visto, las leyendas de rufianes que se echaban a los caminos están tomando cuerpo una vez más en un territorio legendario.


