Basura vespertina.
En estos tiempos que nos ha tocado vivir, que nadie inventa, nadie imagina, nadie crea, que todos a lo único que nos dedicamos es a recibir correos por internet y reenviarlos a la lista de distribución de nuestros amigos y amigas, en estos tiempos mediocres que en el trabajo solo nos dedicamos a rellenar papeles sin sentido sabiendo que no valen para nada pero que los seguimos rellenando porque nuestros jefes quieren que estén listos para que “todo vaya bien”, que no tenemos tiempo de educar a nuestros hijos porque estamos muy ocupados con nuestros trabajos para que cuando vengan las letras no sean devueltas por el banco, que cuando llega un fin de semana tenemos que salir donde sea porque el vecino lo hace y yo no voy a ser menos, que con la entrada de la democracia las familias se están adaptando a los nuevos tiempos y vemos casos esperpénticos entre ellas, que la educación brilla por su ausencia porque nadie tiene tiempo de enseñarla. Pues bien, en estos tiempos que vivimos, ayer llegué temprano a casa por la tarde y tuve el valor de enchufar la tele. No vean la cantidad de gente con “glamour” que hay en las distintas cadenas. Para empezar, los presentadores son gente peculiar, de esos que lo primero que olvidan es la vergüenza y después pierden tanto aceite que dejan el suelo como una pista de patinaje, para nada simpáticos, que en plan estrella, se pasean por los distintos platós, como si de figuras estelares se tratara. De los invitados no les quiero ni hablar. El más culto o culta, consiguió el título de graduado en EGB por recomendación, a juzgar por la verborrea que se gastan. Vaya vocabulario básico y vaya serie de ordinarieces que se dicen entre las distintas criaturitas en estos programas. Lo malo de todo y sobre todo triste, es que por lo visto tienen bastantes seguidores. Esto lo único que dice de este pobre país, es el analfabetismo tan horroroso que galopa por nuestras queridas tierras. Estas cadenas no tendrían cabida en un sitio donde la gente tuviera un poquito de cultura, puesto que a nadie le interesarían las aventuras y desventuras de estos depravados personajillos, que no sirven ni para estar escondidos y que todo su arte consiste en que su ex marido o ex mujer no atiende bien a los hijos o que fulanito o menganita ha dejado a la actual novia y está liado con otra. Siempre han existido las revistas del corazón, pero estos programas superan todos los principios del buen gusto y desde que empiezan hasta que terminan, van bordeando la basura verbal más ordinaria que ustedes se puedan imaginar hasta terminar en insultos y exabruptos entre todos ellos, pues encima del plató, hay de todo menos un poquito de educación. Mientras más degenerados sean los angelitos invitados, mejor les viene a estas vomitivas cadenas, donde la gente decente no tiene cabida por ninguna parte. Creo que entre todos, deberíamos poner veto a estos canales televisivos y pasar de ellos, desde luego no voy a hacerles publicidad alguna, puesto que están embruteciendo mucho más a este castigado pueblo, que en el fondo es lo que les gusta a nuestras autoridades. Un pueblo embrutecido y sin educar, es mucho más fácil de gobernar que un pueblo culto.
Joaquín Tomás Fortunati Cendrero


