El niño mueble.
Últimamente en Educación se están dando, cada vez más a menudo, casos atípicos en el alumnado y por muchos años que lleves en esta bendita profesión, te ves impotente para resolverlos, pues necesitas ayudas del exterior que no te llegan. Uno de estos casos es el niño mueble, lo llamamos así porque aparentemente es un niño normal; no tiene problemas físicos, ni psíquicos, su inteligencia suele ser buena y razona estupendamente; de hecho en los primeros cursos, aprende a leer, escribir, pensar... Pero a medida que va avanzando y llega a cuarto o quinto curso, cambia su conducta y se vuelve cada vez más desinteresado con todo lo referente al colegio, hasta convertirse en un mueble dentro de la clase, prácticamente forma parte del mobiliario porque se sienta y no da problemas de conducta, pero no hace absolutamente nada. Es dificilísimo de motivar y llega hasta no hablar con el maestro y contestar simplemente encogiendo los hombros, como si todo le diera igual. Por lo tanto el trabajo en el centro es nulo, le dan igual los posibles castigos, en casa no se esfuerza tampoco y nadie lo controla. Todos los niños que he conocido con este perfil tienen problemas familiares, generalmente de separación de los padres. La posible explicación según estos casos, puede estar en que los padres, cuando sus hijos están en los primeros cursos, cooperan bastante con el maestro-tutor y les ayudan en casa. A medida que se van haciendo mayores, crecen los problemas familiares, y esa ayuda no existe como antes. Los niños se ven marginados en casa y su forma de protestar es perder el interés por todo lo referente al colegio. Los cursos se van haciendo más difíciles y el pasotismo es cada vez mayor, por lo tanto el retraso se va acrecentando cada vez más, con lo cual se vuelve más mueble todavía. Se me ocurren dos posibles soluciones: la primera aconsejar a los padres que sigan ayudando a sus hijos y cooperando con su tutor durante toda la Educación Primaria, etapa clave para la vida de cualquier persona, y la segunda, creo que habría que estructurar de otra manera la forma de promocionar para que los alumnos que no superen los niveles mínimos de Primaria no pasasen automáticamente; porque lo que estamos consiguiendo es que el alumno se encuentre fuera de lugar, en un nivel que no le corresponde por madurez y conocimientos. Todo esto forma una montaña insalvable para el alumno y le incita abandonar el instituto a las primeras de cambio. De aquí el tremendo fracaso escolar de la Educación Secundaria sobre todo en Andalucía.
Joaquín Tomás Fortunati Cendrero


